La tormenta de arena lame la piedra antigua,
un susurro de padre en la mente del hijo.
El arco está tenso, la orden ya está dada,
un jerarca de bronce en la línea enemiga.
La costumbre del brazo pide ya la partida,
el hábito de acero que la guerra codicia.
Pero un impulso extraño,un refugio indeciso,
le habla de otra vida tras el grito y el riesgo.
Porque no es un instinto que obliga a la entrega,
no es programa de abeja,ni de fiera que ciega.
Es el peso pesado de saber elegir,
el camino imprescindible para poder vivir.
Es decir que sí o no en el polvo y el ruido,
con el alma partida y el futuro en el viento.
Las circunstancias gritan, no las pudo escoger,
este campo de lucha, este amargo nacer.
Pero la respuesta es suya, su único botín,
la elección que lo hace humano en el fin y el confín.
¿Qué es lo bueno, qué es lo malo en este juego astuto?
¿Es conveniente el golpe?¿Es un daño absoluto?
La flecha que vuela lleva una pregunta,
que en el pecho del hombre para siempre apunta.
Porque no es un instinto que obliga a la entrega,
no es programa de abeja, ni de fiera que ciega.
Es el peso pesado de saber elegir,
el camino imprescindible para poder vivir.
Es decir que sí o no en el polvo y el ruido,
con el alma partida y el futuro en el viento.
El brazo ya está libre, la culpa ya está echada,
la responsabilidad, pesada, tan pesada...
Es el precio imprescindible de la libertad.