Te observo en la esquina, atrapado en el brillo,
las luces del sistema te quemaron el vestido.
Un reflejo distorsiona lo que eras al principio,
ya no queda la raíz, solo ramas sin sus hilos.
Tus pasos siguen rutas que otros ya marcaron,
te mueves al compás de un ritmo programado.
Repetiste consignas, creyéndote rebelde,
pero el eco no es tu voz, solo el ruido que lo vende.
Rompe el silencio, escucha tu alma,
que el ruido no apague tu calma.
Despierta, hermano, recupera tu ser,
en un mundo de sombras, aprende a ver.
Tus redes son cadenas, pero no las ves,
un algoritmo dicta lo que debes querer.
Te venden la verdad, empaquetada y sellada,
y tú la compras rota, aunque venga decorada.
Te gritan desde el fondo: “¡esto es libertad!”,
pero libertad es saber que puedes pensar.
¿Hace cuánto no escuchas tu propia voz?
Quizá nunca supiste que existía en vos.
El espejo que te mira no refleja tu cara,
refleja las palabras que otros pusieron en tu espalda.
Te dijeron que gritaras, pero en su idioma,
te callaron el alma y ni siquiera te incomoda.
¿Dónde quedó tu historia? ¿Tu lucha y tu verdad?
Si solo eres un código perdido en la ciudad.
Te hablo desde lejos, con la fuerza que me queda,
rompe ese cristal, deja que tu voz se encienda.
Rompe el silencio, escucha tu alma,
que el ruido no apague tu calma.
Despierta, hermano, recupera tu ser,
en un mundo de sombras, aprende a ver.