Dicen que soy libre, que emprendo sin jefes,
que si pongo el coche, ya soy CEO en los ejes.
Trabajo cuando quiero, lo llaman flexibilidad,
pero si apago la app, me gana la ansiedad.
Mi móvil vibra, es mi nuevo supervisor,
una voz sin rostro dicta cuándo soy mejor.
Mi cocina es un negocio, mi moto es el local,
pero el cliente ni me ve, soy solo funcional.
Tú no eres el dueño, solo el operario,
la app es la reina, tú el proletario.
Te venden el sueño, te dicen"es tuyo",
pero el medio real está en otro murmullo.
No es la bici, ni el coche, ni el horno encendido,
es el portal el que manda, el que corta el hilo.
Antes eran fábricas, humo en los techos,
hoy es un algoritmo el que decide tus hechos.
Del andamio al reparto, del taller a la app,
la historia se repite con otro disfraz.
Te llaman autónomo, suena tan moderno,
pero no eliges precios, ni el invierno.
Te dan cinco estrellas y te sientes amado,
pero si fallas una, ya estás descartado.
Y te tragas el cuento de libertad y progreso,
sin saber que el patrón sigue arriba, ileso.
Subes pedidos, bajas dignidad,
pero al menos te dan puntos por puntualidad.
Tú no eres el dueño, solo el operario,
la app es la reina, tú el proletario.
Te venden el sueño, te dicen"es tuyo",
pero el medio real está en otro murmullo.
No es la bici, ni el coche, ni el horno encendido,
es el portal el que manda, el que corta el hilo.
¿Quién posee el código? ¿Quién lo modifica?
¿Quién decide el ranking? ¿Quién lo verifica?
¿Y si un día el sistema se cae o te bloquea?
Todo lo que creaste, ya no existe, se disuelve y pasea.
Yo soy el que entrega, el que hornea, el que acelera,
pero sin la plataforma no soy más que espera.
No hay sindicato, no hay voz, no hay contrato,
solo un “acepta términos” y quedas atrapado.
Y si te protestas, te llaman quejica,
"tienes libertad", pero ni replica.
Te crees empresario, pero eres soldado,
sin escudo, sin causa, sin lado.
Tú no eres el dueño, solo el operario,
la app es la reina, tú el proletario.
Te venden el sueño, te dicen"es tuyo",
pero el medio real está en otro murmullo.
No es la bici, ni el coche, ni el horno encendido,
es el portal el que manda, el que corta el hilo.
Quizás un día tomemos el medio,
no solo el peso, también el remedio.
Que la red sea nuestra, que el código hable,
que el trabajo no esclavice, que el futuro no calle.
Si el medio es del pueblo, hay revolución,
sin dueño invisible, sin falsa ilusión.