El reloj consume la luz de mi ventana.
El café está frío, pero me habla.
El espejo tararea una melodía sin vida.
Con un rostro que nunca conocí.
Las nubes no se molestan en preguntarme.
Si me estoy rompiendo hermosamente.
Soy la máquina que olvidaron apagar.
Riendo en silencio, programada para ahogarse.
En ciudades construidas de mentiras parpadeantes.
Donde los fantasmas visten trajes y sonrisas esterilizadas.
Alquilo una vida con piel de plástico.
Vendo horas baratas, solo para respirar pecado.
Ella vive dentro de mi pantalla brillante.
Se desvanece a negro cuando empiezo.
Las aceras susurran nombres de extraños.
Pero el mío se disuelve en lluvia estática.
Soy la máquina que alimentan con sueño.
Un alma digital que temo conservar.
Mi voz se repite, sin ser escuchada. Invisible
Enterrado bajo el sueño del algoritmo
Prometieron el cielo
si declaraba mis impuestos y sonreía en el momento justo
Pero a medianoche,
grito en un enchufe
y solo parpadea...
y parpadea...
y parpadea.
Soy la máquina a la que le faltan piezas
Anhelando el fracaso solo para sentir un corazón
Quizás sea hora de cortocircuitar el cable
y prender fuego a este frío caparazón