Estas son las mañanitas
para un hombre sin igual,
que al paso de los otoños
se vuelve más celestial.
Sus otoños no lo apagan,
le doran la piel de bien,
que el corazón no se pase de moda,
ni se le acabe el querer.
Que cada noche sea noche de bodas,
y no se apague el laurel,
que los otoños te doren la vida,
y te sienten tan bien.
Dicen que tiene en la mirada
una historia por contar,
de aventuras y bohemia,
de amor y de libertad.
Siempre que se confiesa,
se da la absolución,
y brinda con la vida
por su propia bendición.
A mis Cincuenta y diez — dice —
sin pena ni condición,
mi plan es envejecer
sin dignidad… pero con pasión.
Sus risas curan heridas,
su abrazo calma el dolor,
es un alma vitamina,
un farol del corazón.
Por eso hoy le cantamos
con guitarra y emoción,
porque hay hombres que iluminan
como un canto del amor.
Feliz vida, compañero,
viajero del amanecer,
que los años te hagan sabio
y más joven a la vez.
Que la luna te acompañe,
y el sol te vuelva canción,
que esta voz femenina
te arrope el corazón.