Dicen que el mediodía sabe llorar,
me hundo cuando llueve en mí;
me pierdo sin mi nombre,
se la lleva, se la lleva el mar.
Rota y serena me sostengo, quizás,
olas repiten lo que callé;
un noviembre dormido,
que gime y gime sin final.
Aunque me desarmes, quedo serena,
aun si el aguacero me ahoga y condena,
¡aun si me duele esta arena!,
aun si el anhelo se apaga en su cadena.
Noviembre sin ti me duele en la arena,
mi bien que un mediodía se me marchó;
Noviembre sin ti, devuélveme siete vidas,
vuelve, vuelve a mi orilla antes de morirme sin ti.
¡No vuelves otra vez!
Si el último tren volviera por mí,
sabría qué lazo me ata a ti;
Quieta espero, tan sola,
espero y espero sin ti.
Aunque me desarmes, quedo serena,
aun si el aguacero me ahoga y condena,
¡aunque me duela esta arena!,
aun si el anhelo se apaga en su cadena.
Noviembre sin ti se esconde en la arena,
mi bien que un mediodía se me marchó;
Noviembre sin ti, devuélveme siete vidas,
vuelve, vuelve a mi orilla antes de morirme sin ti.
¡No vuelves otra vez!
Noviembre sin ti se esconde en la arena,
mi bien que un mediodía se me marchó;
Noviembre sin ti, devuélveme siete vidas,
vuelve, vuelve a mi orilla antes de morirme sin ti.
¡No vuelves otra vez!