CENICIENTA
Beatriz Cadavid Rico
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Había una vez una hermosa y dulce niña pero muy triste. Nadie recuerda su nombre pero todos la llamaban Cenicienta.
Su nombre así era porque estaba siempre al lado del fogón y el humo y el hollín, la cubrían de ceniza y soledad.
Vivía con su madrastra, una mujer cruel y egoísta que tenía dos hijas y se pasaban el día dando órdenes y molestando a la pobre niña.
Le tenían envidia pues ellas eran bastante feas: una flaca y larga, la otra bajita y muy gorda.
- Cenicienta - Dijo la flaca - El príncipe del reino ofrecerá un baile mañana en la noche y ha invitado a todas las jóvenes de la comarca para elegir una esposa.
- Asistiremos con nuestra madre y queremos que laves y planches todos nuestros vestidos para escoger los más hermosos - Agregó la gorda.
- Está bien... lo que ustedes digan. - Aceptó Cenicienta - Pero... ¿También estoy invitada?
¿Tú? ¡Que ocurrencia! - Se burlaron las hermanas.
- ¿Y qué te pondrías? ¿Tal vez esa ropa sucia y fea que tienes?
- Y... ¿si alguna de ustedes me presta un vestido...?
¡Insolente! - Gritó la madrastra - ¿Cómo te atreves a pensar que mereces lucir un traje de las niñas?
Así terminó la discusión y Cenicienta se puso a lavar y planchar los vestidos de sus hermanastras, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
- Sería tan feliz si pudiera lavarme, peinarme y ponerme un lindo vestido... si pudiera bailar, aunque fuera una sola vez.
La noche del baile la madrastra y sus hijas se marcharon temprano, discutiendo a cuál de las dos escogería el príncipe.
Cenicienta las vio alejarse y se quedó muy triste, recostada junto al fogón, imaginando cómo sería el príncipe.
Así se quedó dormida soñando con un baile y esta canción:
SOLO QUIERO BAILAR
(Canción de Cenicienta)
Sólo quiero bailar
Un sueño quiero comenzar
Sólo quiero un amor
Recibir una flor
Sólo quiero una historia
Y llevar en la memoria
Recuerdos y detalles
De un gran salón baile
Sólo quiero una voz musical
Que me arrulle en un sueño ideal
En las nubes me lleve a volar
Arco iris yo quiero pintar
Solo quiero una estrella fugaz
Que me cumpla mi sueño ideal
En el cielo y en el mar azul
Sólo faltas tú
Mi príncipe, sólo faltas tú.
Lo que no sabía Cenicienta, era que la música de su sueño estaba sonando de verdad y que su Hada Madrina, que siempre acompaña a las niñas buenas, había venido a cumplir sus deseos.
- Despierta Cenicienta - Le dijo tiernamente el Hada. Y Cenicienta abrió los ojos y se vió limpia, radiante y perfumada, vestida con un hermoso traje y unas zapatillas de cristal que acentuaban su belleza.
- No temas, soy tu Hada Madrina y voy a regalarte una maravillosa noche de baile.
El Hada tomó una calabaza y con su varita mágica la convirtió en carroza y a dos ratoncitos en cocheros para que llevaran a Cenicienta al baile.
- Cenicienta, - Advirtió el Hada Madrina - Cuando sean las doce de la noche, la magia terminará y con ella la carroza, los cocheros, tu traje y tus zapatillas.
- ¡Gracias, Hada Madrina! Prometo que volveré antes que sean las doce.
Cenicienta llegó al baile y el príncipe, que hasta entonces había estado muy aburrido, fue a recibirla totalmente fascinado.
La invitó a bailar y descubrió que además de bella, era graciosa y encantadora.
Cenicienta también estaba maravillada. Para los dos, fue como si estuvieran solos, bailando en el paraíso.
NO OLVIDES EL RELOJ
(Canción del Baile)
Diviértanse si quieren
La noche es de los dos
El príncipe ya tiene
Pareja y nuevo amor
La voz de Cenicenta
Al príncipe llegó
Es la mujer mas bella
Del salón
Pero no olvides,
No olvides el reloj
Diviértanse si quieren
La noche terminó
Corrió la Cenicienta
Un zapato perdió
El príncipe la busca
Y por las escaleras
La zapatilla brilla
Se marcho
Pero no olvides,
No olvides el reloj
Ya son las 12 te tienes que ir
Y la carroza espera por tí
Ya son las 12 marca el reloj
Porque el hechizo se terminó
El reloj empezó a anunciar la media noche. Cenicienta había olvidado su promesa y corrió desesperada, justo antes de terminar el encanto, perdiendo una de sus zapatillas de cristal.
El príncipe angustiado buscó a Cenicienta y vió en las escaleras el brillo del cristal y encontró la zapatilla.
De inmediato ordenó que todos sus sirvientes buscaran de casa en casa a la dueña de tan precioso y singular tesoro, que había conquistado su corazón.
Durante días, la zapatilla pasó de mano en mano, o mejor de pie en pie, pero nadie la podía calzar.
Finalmente, los criados tocaron a la puerta de Cenicienta. Las hermanastras corrieron a probarse el zapato, pero fue inútil. No cabía en sus pies.
Los criados iban a partir pero escucharon cantar a Cenicienta y pidieron que viniera.
- Es tan sólo una sirvienta... y ni siquiera asistió al baile.
- Explicó la madrastra
Pero el príncipe que venía a observar cómo se cumplían sus órdenes, reconoció la voz de Cenicienta. La hizo llamar y aunque estaba cubierta de ceniza, supo desde que la vió que ella era su princesa.
Algunos días después y guardando la distancia, la madrastra y sus hijas vieron a la feliz y esplendorosa Cenicienta convertirse en la esposa del príncipe y lamentaron haberse portado tan mal con ella.
UN SUEÑO AZUL
(Canción del Príncipe y Cenicienta)
El príncipe y cenicienta se casaron y al final
Una mágica carroza los condujo hasta el altar
Va luciendo sus preciosas zapatillas de cristal
Y violines y campanas empezaron a sonar
Un sueño, un sueño azul, un sueño
Un sueño, un sueño azul será
El príncipe y cenicienta no dejaron de soñar
Y se amaron en un cuento de nunca, nunca acabar
Hubo fiesta entre las hadas que salieron a bailar
Con los duendes y los genios que quisieron festejar
MORALEJA
Para ser una princesa
No es necesaria riqueza
El verdadero valor
Es la fuerza del amor.